(Fragmentos de “A contraespejo”)
I, II, III… IV
Recuerdo, cuando niños,
tu cándida figura,
tus risas y tus caras de extrañeza.
Jugabas a imitarme
con gestos y con muecas infantiles,
y en mi inocencia yo
jugaba al mismo juego.
Eran aquellos tiempos
de pura y transparente realidad,
tú y yo juntos y ajenos a otros mundos
tratábamos de asuntos importantes:
aquel diente a esconder bajo la almohada,
aquel peine en tu izquierda, en mi derecha,
aquel pijama a rayas, tan idéntico. ..
Pero la vida en años se sustenta
y cuando en mí cifró su juventud
también tu juventud me sorprendió.
Las muecas y las risas de la infancia
se tornaron en gestos narcisistas
y poses de autoestima compartida,
con los mismos peinados transgresores,
el mismo vestuario innovador,
el mismo frasco y marca de colonia,
la misma sensación de fortaleza
y la arrogancia propia de la edad.